El Periódico
11 de marzo 2007
Olga Pereda
Carmen Moreno lleva toda su vida intentando que las mujeres tengan el puesto que se merecen en la sociedad. Desde hace tres años --"toda una vida", según ella-- dirige el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de las Mujeres. Le gustaría ser más optimista con respecto al futuro, pero no lo es. Vive, al igual que todos, en un mundo en el que a las mujeres se las discrimina, se las golpea, se las viola...
¿Quién se inventó que las mujeres deben ser ciudadanas de segunda?
Las sociedades se fueron construyendo de esa manera. A las mujeres se las protegía mucho porque cuando iban a ser madres se convertían en personas muy frágiles. De esta protección se pasó a la no participación en la vida pública. Las mujeres se convirtieron en un objeto de adorno y perdieron la oportunidad de ir a la escuela. Ellas solo servían para casarse y tener hijos. Y así fueron perdiendo su identidad como seres humanos. Y así han estado durante siglos. Bueno, hubo momentos en los que se las recuperó para trabajar. Por ejemplo, en la Revolución Industrial y en las guerras, en las que reemplazaron a los hombres que iban al frente. Ahora estamos en un momento de cambio en el que las mujeres hemos tomado conciencia de que nuestra participación en la sociedad no es cuestión de dádivas, sino de derechos. Y ahora estamos donde estamos. Con un Gobierno paritario. Al menos, en España.
¿Es para estar orgullosos?
Claro que sí. Yo creo que el Ejecutivo tomó una decisión política acertada. Además de los países nórdicos, hay otros ejemplos. La ciudad de México, que no el país, también es paritario.
¿Qué le aportan las mujeres a la política o a las empresas? ¿Algo diferente de los hombres?
Yo creo que las mujeres son iguales que los hombres en capacidad y en preparación, pero hay un elemento que las diferencia y es la experiencia que ellas han tenido. Todas las mujeres han sido discriminadas y eso determina su forma de participar en la vida laboral. Ellas tienen la tendencia a fijarse en algunas cosas en las que ellos no reparan tanto. Por ejemplo, en las condiciones laborales de los trabajadores. Además, las mujeres son muy buenas para ciertas cosas, sobre todo para negociar.
¿Mejores que los hombres?
Aparentemente sí. ¡Han estado negociando su posición en la sociedad durante siglos!
¿Está a favor de imponer la paridad? Lo digo porque a la hora de formar un equipo hay que buscar a los mejores, no a los que cumplan determinadas cuotas, ¿no?
Es una cuestión muy importante. Yo creo que las mujeres tienen que tener la oportunidad. Si no hay una decisión política de darles la oportunidad, nunca la van a tener. Yo solía decir que yo quería un puesto no por ser mujer, sino por ser buena. Pero una buena amiga me dijo que las mujeres necesitan empezar y abrir el camino. Y solo se empieza si hay una obligación.
¿Es optimista frente al futuro? ¿Cuántas generaciones tendrán que pasar para que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres?
Soy una persona optimista, pero en este caso... no mucho. En algunos países hay retrocesos. Por ejemplo en mi país, México. No podemos admitirlo. El mundo no se puede hacer con el 50% de la población. Los poderes públicos y las empresas tienen que entenderlo. Está demostrado que las compañías que no emplean a mujeres pierden competitividad. Uno de los problemas más graves al que nos enfrentamos es la violencia contra las mujeres. En España, país supuestamente moderno, fueron asesinadas el año pasado 68 mujeres a manos de sus parejas o ex. El mundo está muy mal en violencia sexista. España, al menos, ha tenido el valor de enfrentarse a él con una ley específica. Pero en muchos países ni siquiera se habla de ello. La violencia tiene que salir del ámbito privado.
¿Cómo se combaten otros problemas aún más inabarcables, como el tráfico de mujeres?
El comercio de niñas y de mujeres para su prostitución es un negocio mayor que el de las drogas. Hay que atacar la raíz del problema: la pobreza. Hay familias que venden a sus hijas para recibir dinero y poder comer. Hace 200 años que se abolió el comercio de esclavos, pero es un debate que ahora está vivo.
|