Se celebra la mujer migrante PDF Print E-mail
En República Dominicana, las inequidades de género son factores que impulsan las mujeres a emigrar. El desempleo afecta a más de la cuarta parte de las mujeres activas en el país, aún teniendo un buen nivel de estudios.
 
[NOTA DE PRENSA, Santo Domingo, 17 Diciembre, 2009] Desde el 2000, en el 18 de diciembre se celebra el Día Internacional del Migrante. Este año será un día de doble celebración, ya que se celebra el 30 aniversario de la aprobación de la Convención para la Eliminación de todas formas de discriminación contra la mujer (CEDAW). Este tratado internacional de derechos humanos de las mujeres contiene 30 artículos y una agenda para que a nivel nacional se eliminen la discriminación basada en género. La recomendación General 26 de esta convención trata en particular de las trabajadoras migratorias.

Las personas migrantes representan el 3% de la población mundial, y de ellas, la mitad son mujeres. El Día del migrante pues es también el día de la migrante. Desde los años 80, la forma en cual migran las mujeres ha cambiado. Si bien una parte sigue viajando bajo la condición de la reagrupación familiar, para formar un nuevo hogar en el país donde el esposo ha emigrado, la proporción de mujeres que viajan de manera autónoma ha aumentado significativamente en todo el mundo.

República Dominicana sigue esta tendencia. Se estima que el 12% de la población dominicana vive fuera del país, de la cual el 52% son mujeres y el 48% hombres. Los cinco principales países de destino de los flujos migratorios desde República Dominicana son Estados Unidos (73%), Puerto Rico (8%), España (5%), Venezuela (2%) e Italia (1%).

Vicente Noble, en el Sur del país, es uno de los pueblos desde donde se han ido muchas mujeres, por el intermedio de monjas españolas que las pusieron en contacto con hogares españoles necesitando apoyo para las tareas de cuidado y de limpieza. Las mujeres representaban el 84.2% de la población trabajadora dominicana en España en el 1991. En el 2006, se contabilizaban 60,050 dominicanos y dominicanas en España, de los cuales 61% eran mujeres y 39% hombres, los hombres habiendo llegado por reagrupación familiar o de manera independiente mayormente trabajando en hostelería, construcción y agricultura. La mayoría de esta población está en una situación regular, una gran parte habiendo beneficiado de la regularización de 1991.
 
Según datos del 2002, los y las trabajadores/as tenían un ingreso promedio de 754 euros, de los cuales mandan alrededor del 20% a sus familias en República Dominicana. Se observa menos movilidad profesional de las mujeres dominicanas comparado con otros colectivos como colombianas y ecuatorianas. En el 2001, 85% de las mujeres entrevistadas habían trabajado siempre en servicio de hogar. Este sector, aunque, se ha elevado a rango de trabajo asalariado desde 1985 en España, tiene condiciones especiales desventajosas, como la libertad del empleador para fijar el tiempo de trabajo, que el despido puede ser inmediato, una indemnización de solo 7 días por año trabajado, se permite contrato verbal (lo que hace más difícil conseguir una visa), la no obligación del empleador a registrar en seguridad social, no se reconoce el derecho a enfermedad profesional, ni la posibilidad de cobrar indemnización de paro. Muchas mujeres trabajan como internas, viviendo en las casas de los y las empleadores/as, lo que limita su vida social y sus libertades.

La población dominicana en Estados Unidos se elevaba a alrededor de 800,000. La migración a este país es más antigua, con un 33% de la población nacidos/as en EEUU (según el censo estadounidense del 2000). La mayoría de la población dominicana que vivía en Estados Unidos eran mujeres (53.8%). Ellas en promedio ganaban 25% menos que los hombres dominicanos. El ingreso promedio anual de una mujer dominicana en el área de New York era de US$11,371, comparado con US$15,139 para los hombres dominicanos. Las mujeres están insertadas en factorías de textil, trabajan en el cuidado de menores en casas, como costureras, empleadas de hogar, maestras y trabajadoras sociales.  

Los estudios sobre la migración que integran la perspectiva de género permiten evidenciar como los roles de género influyen sobre el proceso migratorio, tanto para las personas que migran como para las que se quedan. Las inequidades de género son factores que impulsan las mujeres a emigrar. Como lo plantea el Informe de Desarrollo Humano de República Dominicana del 2005, el desempleo afecta a más de la cuarta parte de las mujeres activas, aún teniendo un buen nivel de estudios. Las mujeres dominicanas ganan el 36% del ingreso de los hombres, porcentaje inferior que la brecha de América Latina y el Caribe de 40%. Además, los ingresos de las mujeres dominicanas son menores en un 20% que los ingresos de las mujeres de la región. La violencia de género, así como la degradación de la situación económica de los hombres son otros factores importantes. Por otra parte, son mayoritariamente mujeres quienes reciben las remesas desde fuera, lo cual tiene consecuencias mitigadas sobre su empoderamiento. Si bien estos ingresos alivian la pobreza del hogar, la administración de dichas remesas y de las personas dependientes quedadas en origen (niños y niñas, envejecientes) es una carga muy importante para las mujeres. La carga del trabajo de reproducción, más las limitaciones de decisión dentro de ciertos hogares, de acceso a la propiedad, a créditos y a ciertos sectores tradicionalmente masculinos, son barreras que impiden su autonomía.

En los países de destino de la migración, la situación también es mitigada. Las mujeres dominicanas tienen menos deseo que los hombres de volver a su tierra natal. Ello se debe en parte al hecho de que consideran que los países de destino les ofrecen mayores comodidades y opciones. Sin embargo, la decisión de quedarse se debe también al deseo de ofrecer una educación formal y opciones laborales a sus hijos e hijas, y al papel clave de las mujeres en las tareas de reproducción y de cuidado de familiares. Persisten sin embargo en destino tensiones de género, que se entrelazan a las tensiones entre generaciones.

Las mujeres se organizan, en destino y en origen, para compartir, y también para defender sus derechos. Se necesita sin embargo de una mayor implementación de políticas públicas sensible al género para que el desarrollo sea equitativo, entre hombres y mujeres.

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