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La gestión de los movimientos sociales de base y otros movimientos ciudadanos, como el de la mujer y de los pueblos indígenas, en parte han llenado el vacío de liderazgo que dejaron los partidos políticos tradicionales por su creciente pérdida de legitimidad.

Esta ola democrática ha considerado a las mujeres como votantes capaces de expresar sus preferencias políticas (no las de sus maridos), situación que hace cambiar los pronósticos electores. Las mujeres han avanzado en este nuevo escenario democrático como votantes con poder de decisión, y como votadas con capacidad de representación y gestión; como líderes y como organizadoras políticas de movimientos de base ( Buvinic, Mayra y Vivian Roza. La mujer, la política y el futuro democrático de América Latina. BID, Serie de Informes Técnicos, WID-108, Washington DC, 2004. www.iadb.org/sds/doc/mujerpdf.pdf).

La participación de los últimos veinte años de las mujeres indígenas en la política es de carácter colectivo, expresada en movilizaciones y otras formas culturales de relacionamiento político. Desde los distintos liderazgos personales se explica el sujeto político a partir de lo colectivo. Tradicionalmente las mujeres indígenas han ocupado los espacios culturalmente establecidos y permitidos: comités comunitarios.

Uno de las principales dificultades que también enfrentan las mujeres indígenas, es la desinformación general y el desconocimiento de sus derechos; situación que complica la gestión y el fortalecimiento de sus organizaciones. La falta de condiciones para una participación informada y segura, es un resultado cultural, político y económico que margina a las mujeres del acceso a la educación, la decisión y la representación política (Alejandra Massolo Participación Política de las Mujeres en el ámbito local en América Latina.UN-INSTRAW, 2006).