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Michelle Bachelet, Presidenta de Chile |
Acceso de las mujeres a los puestos de poder y toma de decisiones: A pesar de la subrepresentación persistente, el acceso de las mujeres al poder y los puestos de toma de decisiones ha mejorado durante el ultimo siglo y se ha logrado a través de la puesta en marcha de distintas estrategias y medidas. Por un lado, se ha trabajado todo lo que tiene que ver con la sensibilización sobre el derecho de las mujeres a participar en pie de igualdad con los hombres en todos los asuntos sociales, económicos, políticos y culturales. Al mismo tiempo se ha avanzado en el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas de pleno derecho y se han establecido mecanismos y procedimientos para facilitar la participación pública de las mujeres y su acceso a los puestos de poder (leyes de igualdad, acciones de discriminación positiva como las cuotas y la reserva de sitios, reformas de los sistemas electorales, medidas de conciliación de la vida personal y profesional,…). Los avances en este sentido han sido importantes, pero al día de hoy surgen nuevos retos que hay que enfrentar.
Futuras líneas de trabajo del INSTRAW
1. Investigación
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Fomentar investigación que propicie el nexo entre la teoría y la práctica.
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Desarrollar estudios sobre las múltiples exclusiones de las mujeres como agentes políticos y las formas de superarlas.
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Desarrollar estudios en contextos socioculturales variados para profundizar sobre el conocimiento de:
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la participación política y cívica de las mujeres a nivel local: revisión, documentación y análisis de las experiencias que existen en los países;
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la participación política de mujeres pertenecientes a grupos tradicionalmente excluidos o marginados (mujeres jóvenes, migrantes, mujeres con discapacidad…);
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el impacto real del aumento de las mujeres en el poder y los puestos de toma de decisiones;
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la participación de las mujeres en el sector privado y la sociedad civil;
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mecanismos y políticas adecuadas para la promoción de la gobernabilidad con enfoque de género y la participación y el liderazgo político de las mujeres a todos los niveles;
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la participación y el liderazgo político de las mujeres indígenas;
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el acceso y uso de las TICs como herramienta para el empoderamiento político de las mujeres.
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Desarrollar metodologías, indicadores y criterios adecuados para evaluar el impacto de la presencia de las mujeres en los puestos de toma de decisiones y la introducción de una gobernabilidad sensible al género.
2. Fortalecimiento de capacidades
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Desarrollar guías, materiales y procesos de capacitación para integrar la perspectiva de género dirigidos a personal de las instituciones del sector público, privado y de la sociedad civil (incluidos el diseño de políticas y presupuestos).
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Desarrollar guías, materiales y procesos de capacitación dirigidos a mujeres líderes para fortalecer su desempeño en puestos de toma de decisiones. Se pondrá énfasis en el acceso y manejo de las Tecnologías de Información y las Comunicaciones (TICs) y en la capacitación de las mujeres jóvenes y pertenecientes a minorías
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Desarrollar guías, materiales y procesos de capacitación para fortalecer el activismo de las mujeres sobre todo lo referente al accionar político, la rendición de cuentas por parte del estado y la defensa de los derechos y los intereses de las mujeres. Se pondrá énfasis en el acceso y manejo de las TICs y en la capacitación de las mujeres jóvenes y pertenecientes a minorías.
3. Difusión de información
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Recolectar y difundir buenas prácticas sobre la incorporación del enfoque de género en la gobernabilidad, poniendo énfasis en las experiencias de los países del Sur.
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Recolectar y difundir información, estadísticas y análisis sobre la participación de las mujeres en distintos sectores y a distintos niveles de la gobernabilidad. Especialmente sobre mujeres en el sector privado, en la sociedad civil y en el ámbito local, prestando atención a las mujeres de grupos tradicionalmente excluidos o marginados (indígenas, jóvenes, migrantes, minorías religiosas…).
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Propiciar la creación de foros de intercambio de ideas y experiencias y consolidación de alianzas.
4. Cabildeo y políticas públicas
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Fomentar la inserción de los resultados de las investigaciones en las políticas locales, regionales y globales.
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Fomentar y propiciar el diseño y la adopción de políticas locales, regionales y globales que promuevan la participación política de las mujeres y la gobernabilidad con enfoque de género.
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La participación de las mujeres en los puestos de poder y toma de decisiones es un proceso complejo que implica el análisis de varios factores, como son entre otros: los sistemas electorales nacionales y locales que garantizan o limitan la participación democrática, en particular de los grupos o sectores tradicionalmente marginados; los partidos políticos y sus mecanismos de representación de la ciudadanía; las formas y niveles de organización de las mujeres, y su incidencia en los espacios de concertación política; las relaciones de género y la cultura que dificultan o facilitan la participación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones (tanto a nivel de las instituciones, como de los hogares); y las resistencias al reconocimiento de las mujeres como pares y los estereotipos vinculados a la construcción cultural de los géneros por parte de los miembros masculinos de los partidos políticos y las organizaciones locales, que continúan reforzando la falta de credibilidad en la actuación y liderazgo de las mujeres en el mundo político y la ausencia de recursos y apoyos financieros a las campañas de las mujeres.
En un estudio realizado en 2004 para la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) sobre sistemas electorales y representación femenina en América Latina, se reconoce que los obstáculos que limitan la participación política de las mujeres en el ámbito nacional, aplicables también al local son: la falta de apoyo de la ciudadanía a las candidaturas femeninas; la falta de reconocimiento y legitimidad de la participación de las mujeres en las esferas del poder público; la falta de recursos económicos de los que disponen las mujeres para lanzarse a una candidatura; las menores oportunidades de las mujeres para organizarse y asociarse por las múltiples funciones que cumplen en el ámbito productivo, reproductivo y comunitario; la inexperiencia y el desconocimiento de la práctica política y de la capacidad discursiva y de oratoria; las exigencias a las que se ven sometidas las mujeres al ocupar un puesto público al tener que demostrar que son excepcionales; la debilidad de incidencia de las organizaciones y del movimiento de mujeres en los partidos políticos; los horarios de las reuniones y la dinámica de la gestión pública que resulta inconveniente para las mujeres; el descrédito hacia lo político; y finalmente, la incomprensión por parte de hombres y mujeres de los temas de género.
Consolidación de las mujeres en los puestos de poder y toma de decisiones: Además de asegurar el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones, hay que asegurar también su permanencia en los mismos. Distintos factores vienen a explicar la no consolidación de las mujeres en los puestos de poder y su difícil progresión hacia los escalafones más altos del mismo. Las mujeres siguen sin ser consideradas agentes políticos legítimos, lo que hace que su presencia no sea considerada esencial para la democracia y que sean vistas como intercambiables mientras que los hombres son esenciales. Al mismo tiempo, persiste la construcción cultural de la dicotomía público/privado que hace que hombres y mujeres interioricen como 'normales' la presencia de las mujeres en el ámbito familiar y la de los hombres en la esfera pública. Igualmente, las normas, los modos y los tiempos del accionar político público 'expulsan' a muchas mujeres al estar adaptados a las necesidades y características de los hombres.
Otro reto fundamental de cara al futuro es el del cuestionamiento del impacto real de un aumento de participación de las mujeres en los puestos de tomas de decisiones. Algunos estudios han señalado el impacto positivo de su presencia en el sentido de propiciar cambios en las estructuras y procesos de las instituciones y en el discurso de la gobernabilidad. Se ha constatado un aumento de la conciencia sobre las cuestiones y los intereses de las mujeres y la disminución de la corrupción. Además, ha favorecido la creación de departamentos o instituciones especializadas y la reforma de la legislación para incorporar las cuestiones de género así como la adopción de leyes específicas al respecto. Sin embargo, los estudios sobre este respecto todavía son muy incipientes y carecen de las herramientas metodológicas adecuadas para llevarlos a cabo. Así, se hace necesario profundizar el conocimiento sobre este aspecto del impacto para reorientar estrategias y acciones a partir de los resultados de los estudios y análisis.
Movimiento de mujeres y movimiento feminista: La participación política y cívica de las mujeres se desarrolla en ámbitos muy diversos. Una concepción ampliada de la participación política, que desborda lo estatal, nos permite visualizar a las mujeres participando dentro y fuera de los espacios formales tradicionales del ejercicio político, los partidos políticos y los sindicatos, entre otros. En este sentido, las mujeres han desarrollado y desarrollan la mayor parte de su accionar político en estructuras políticas informales, como las Organizaciones No Gubernamentales y los movimientos sociales. Más allá, si entendemos la acción política como toda actividad donde se expresan y se manejan relaciones de poder, ésta atraviesa todas las esferas de la vida permitiendo también hablar de la participación política cotidiana, “del día a día” , de las mujeres.
En un análisis de la gobernabilidad, la igualdad de género y la participación de las mujeres en puestos de toma de decisiones es fundamental considerar y analizar los movimientos de mujeres y feministas. Este análisis supone reconocer que el accionar político de las mujeres se lleva a acabo también, y sobre todo, fuera de las esferas formales tradicionales y que los grupos, asociaciones y movimientos de mujeres y feministas son actores claves de la agenda de la buena gobernabilidad. Es a través del activismo en estos espacios que se 'construye la voz de las mujeres', que las mujeres identifican y articulan sus intereses y promueven una agenda de las mujeres frente al estado y los y las representantes políticos. Es en este espacio donde muchas futuras mujeres electas se inician y adquieren las capacidades y discursos para su accionar político.
Al hablar de una agenda de las mujeres, hay que mantener algunas reservas respecto de 'los intereses de las mujeres'. Las mujeres no comparten necesidades sociales (necesidades prácticas) ni intereses políticos (necesidades estratégicas) homogéneos. Desde mediados de los 80 surgen voces dentro del movimiento de mujeres y del movimiento feminista advirtiendo sobre la existencia de diferencias entre las mujeres. Así, mujeres de distintas clases sociales, edades, entornos culturales, religiones y opciones sexuales rechazan el patrón único de referencia de las corrientes feministas clásicas, el de la mujer occidental, blanca y de clase media. Pero mas allá del reconocimiento y revalorización de las diferencias, el acento se pone en la visibilización de las múltiples discriminaciones, exclusiones y opresiones a las que se ven expuestas las mujeres por sus múltiples identidades (en función de la edad, la clase, el grupo cultural o religioso, el origen nacional, la opción sexual…). El enfoque GED permitirá visualizar las diversidades de las mujeres pero, sobre todo, las desigualdades existentes entre ellas y enfrentarlas para superarlas . Reconocer esto supone empezar a enfrentar las diferencias y desigualdades que se dan entre las propias mujeres. Y a partir de ahí, la consecución de pactos entre ellas, necesarios para la integración equitativa e igualitaria de las mujeres en el poder.
Buena gobernabilidad y perspectiva de género
Las definiciones actuales de buena gobernabilidad, con sus diferentes enfoques, reconocen en la misma distintos sectores (sector público, sociedad civil y sector privado), niveles (nivel local, nacional e internacional) y esferas (económica, política y social, entre otras) . Una perspectiva de género en la gobernabilidad debe abordarlos todos para visibilizar las múltiples formas en las que se expresan las relaciones desiguales de poder en cada uno de ellos y tomar medidas al respecto. Esta pluralidad de enfoques que observamos en la agenda de la gobernabilidad se replica a nivel local donde las iniciativas también responden a enfoques y visiones diferentes y no todas ellas incorporan la perspectiva de género en su mirada y accionar.
En este sentido, como indica Niraja Gomal Jayal, se hace necesario trabajar en varias direcciones:
1. Redefinir el concepto de gobernabilidad para hacerlo sensible al género y que incluya el ámbito privado, doméstico (de la familia).
Los enfoques tradicionales de la gobernabilidad siguen perpetuando la histórica separación entre la esfera pública y la esfera privada que ha mantenido a las mujeres recluidas en el espacio doméstico de la reproducción y a los hombres fuera, en el espacio de la actividad pública. Esta separación ha perpetuado la exclusión de las mujeres de los sectores tradicionales de la gobernabilidad además de no reconocer la esfera privada o doméstica como un espacio que tenga que ser regulado por el accionar público donde tienen lugar relaciones desiguales de poder. Una nueva concepción de la gobernabilidad que sea sensible al género debe reformular supuestos básicos de la misma para abarcar esferas y cuestiones hasta ahora invisibilizadas u obviadas. En este sentido, temas que han permanecido fuera de la agenda de la gobernabilidad por ser considerados privados, deben entrar a formar parte de la discusión política. Este es el caso del trabajo reproductivo que mayoritariamente aseguran las mujeres; la violencia contra las mujeres; los derechos sexuales y los derechos reproductivos; etc.
2. Incorporar la perspectiva de género a las propuestas y estrategias de la agenda de la buena gobernabilidad para que visibilice las necesidades e intereses de las mujeres y responda a los mismos.
Esto supone, entre otras cosas, trabajar por asegurar la igualdad entre hombres y mujeres en la toma de decisiones, el acceso y control de los recursos y en el disfrute de los beneficios del desarrollo; el respeto de los derechos humanos de las mujeres y de los hombres a través del establecimiento de mecanismos, estructuras y políticas; el empoderamiento de las mujeres a través de la ampliación de sus opciones y capacidades; el reconocimiento de las mujeres como actores políticos legítimos y ciudadanas de pleno derecho; la responsabilidad hacia los derechos de las mujeres, especialmente las más excluidas, etc.
3. Propiciar el acceso de las mujeres al poder y la toma de decisiones y su permanencia en los mismos.
Como demuestran los datos sobre la participación política de las mujeres, éstas siguen estando subrepresentadas a todos los niveles y en todos los sectores, pero además su permanencia en los puestos de poder o toma de decisiones es mucho más efímera que la de los hombres. Ahora bien, más allá de los números es fundamental analizar la presencia de las mujeres en los distintos sectores y niveles en términos de la calidad y el impacto de la misma en los puestos y procesos de toma de decisiones. Al día de hoy, sin embargo, no existen criterios uniformes a la hora de valorar y analizar este aspecto.
Es fundamental redefinir el concepto de participación política con el objeto de visibilizar otras formas y otros espacios desde donde se ejerce el accionar político de hombres y mujeres. Al mismo tiempo, es indispensable que las mujeres se organicen y movilicen para exigir sus derechos y ampliar y hacer efectiva su ciudadanía; y que la buena gobernabilidad, con todos sus sectores y a todos los niveles, genere un desarrollo donde el reconocimiento de la integralidad de los derechos humanos de las mujeres y el ejercicio de su ciudadanía ampliada estén asegurados.
Y todo ello, debe hacerse desde una visión ampliada del proyecto de integrar la perspectiva de género en la gobernabilidad para que ataque las diferentes formas en que las mujeres son desiguales, desaventajadas, oprimidas y explotadas en distintos ámbitos y esferas (públicas y privadas), y empoderarlas en todas estas esferas.
La propuesta de la política trasformadora: nexo entre la participación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones y la gobernabilidad sensible al género
La propuesta de muchas mujeres, especialmente del Sur, en el marco de la agenda de la buena gobernabilidad, es la de la política transformadora. Esta se centra y destaca la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, pero va más allá al proponer la transformación de las instituciones, los procesos y los valores políticos actuales. Supone un redefinir la democracia, el estado, la política, la ciudadanía, sus principios y valores para que propicien el ejercicio pleno de la ciudadanía de hombres y mujeres y de todos los colectivos tradicionalmente excluidos. Para ello se propone:
- Transformar las instituciones representativas con el acceso y la consolidación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones asegurando un impacto real en las desigualdades de género.
- Transformar la agenda política con la incorporación de las necesidades, intereses, visiones y propuestas de las mujeres.
- Transformar las instituciones en todos los sectores y a todos los niveles para que se vuelvan espacios participativos, incluyentes y transparentes.
- Transformar los procesos de gobernabilidad a través de foros abiertos, procesos transparentes y participativos, la incorporación de una visión de abajo a arriba, el reconocimiento de la diversidad y la defensa de la inclusión, y su materialización.
Para lograr estas transformaciones, el INSTRAW considera que los distintos actores de la agenda de la gobernabilidad deben propiciar el diálogo entre los mismos y establecer alianzas a corto, medio y largo plazo. Esta propuesta transformadora debe llevar a un nuevo pensar y accionar desde la teoría y la práctica. Para lograrlo, el INSTRAW pretende trabajar a cuatro niveles: profundizando y ampliando el conocimiento; propiciando el intercambio de ideas y la articulación de actores; fortaleciendo las capacidades de los mismos; y fomentando la adopción de políticas públicas adecuadas.
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