23 Mayo 2008
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Con los ojos bien apretados y con nada más que la esperanza de que su situación económica mejorara, Dennia Berridi se despidió de su hija Grettel, de sólo siete años, y partió sola a probar suerte a Estados Unidos en 1988. Se subió y bajó de buses para limpiar casas ajenas, cuidó niños, ancianos y finalmente se las arregló para sobrevivir y trabajar después de que su visa expirara; todo para mandar sagradamente US$ 300 en remesas a Costa Rica, para que las vidas de su hija y de su familia paterna cambiaran.
Han pasado 21 años desde esta decisión, pero mientras la recuerda, Dennia todavía se emociona. "Es que fue muy difícil dejar a Grettel", confiesa. Un dolor que logró superar cuando llevó a su primogénita a vivir a EEUU en 1991 y que hoy se ha transformado en alegría, después de que fuera aceptada para estudiar medicina en una de las universidades más prestigiosas del país.
"No me arrepiento de la decisión que tomé. Logré darles una vida mejor a mis hijas, no han tenido que pasar por lo que yo pasé", dice Dennia, que -sin saberlo- fue pionera de un fenómeno creciente: la "feminización de la migración".
Este concepto tiene que ver con mujeres que ahora se transforman en la fuente principal de ingreso de sus hogares y que contrasta con su perfil anterior, en que sólo se limitaban a ser las receptoras de las remesas de sus maridos. Como Dennia, estas mujeres dejan atrás hijos, familia y una vida entera en sus países, llegando a lugares donde creen tener mejores perspectivas.
Pero en América Latina la situación parece ser aún más potente. Del total de sus emigrantes, un 54% son mujeres, según cifras del Instituto Internacional de Investigación y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (UN-Instraw). Aunque no existen números que indiquen qué porcentaje elige viajar a Estados Unidos, la Cepal asegura que está dentro de los tres destinos principales, junto con Japón y España.
De acuerdo al centro de investigación Pew Hispanic Center, en 2005, de los cerca de 17 millones de hispanos nacidos en América Latina que hoy viven en EEUU, unos 8 millones eran mujeres, cifra que puede estar por debajo del número real si se considera que no hay estimaciones sobre el número de hispanas que entran sin documentos.
Carmen Moreno, directora de UN-Instraw, asegura que las mujeres hispanas están migrando de forma autónoma, es decir, como principales proveedoras de sus hogares. "Asumen la función económica activa principal del hogar transnacional a través del envío de remesas", dice.
Las causas de este cambio son varias. Manuel Orozco, director del programa de remesas y desarrollo del think tank Diálogo Interamericano, enfatiza que la economía global ha influido en el aumento de la mano de obra femenina, o "feminización global de la mano de obra". Esta se ve predominantemente en la industria textil y de servicios relacionados con hospitalidad y entretenimiento. "A medida que los países de América Latina se van diversificando, las relaciones de género se igualan. Las oportunidades de movilidad de la mujer aumentan, aunque siguen siendo menores en sociedades rurales, donde hay mayores controles o menores oportunidades laborales", dice.
Según estimaciones del Pew Hispanic Center, existen cerca de nueve millones de familias hispanas en Estados Unidos en las que la mujer es la jefa de hogar y, de ellas, alrededor de tres millones corresponden a mujeres que han emigrado desde América Latina, quienes se concentran en trabajos relacionados con el servicio doméstico y la producción.
Isabel es una de ellas. Mexicana de nacimiento, separada y madre, ha vivido en Estados Unidos por 12 años. Hoy sin visa y trabajando en el servicio doméstico en el estado de Georgia, prefiere no dar a conocer su identidad. Mientras los días pasan en un país al que todavía siente ajeno, hay una rutina que casi se ha convertido en un rito sagrado: enviar la remesa mensual a su hijo, quien hoy estudia leyes al otro lado de la frontera.
"Antes le mandaba cerca de US$ 500 mensuales. Ahora, como las cosas con la inmigración se han vuelto más complicadas, sólo le puedo enviar US$ 300. Yo sé que él ya es un hombre, pero necesita el dinero para sus estudios", dice. Isabel intentó tres veces llevar a su hijo a Estados Unidos, pero él nunca se acostumbró, y aunque las ganas de estar con él son fuertes, ella está convencida de que la única solución es quedarse donde está, porque en su país "si eres muy joven y estás graduada de una escuela, te dicen que no tienes experiencia y si pasas los treinta y tantos, tienes demasiada edad; yo tengo 43". Con esos prejuicios "en México es muy difícil conseguir trabajo y tendría que volver a empezar de cero", asegura.
De los US$ 66.500 millones en remesas enviados desde Estados Unidos a América Latina en 2007, aún no hay claridad respecto a cuánto se aportó por género. Sin embargo, según Orozco, se puede sacar una aproximación basados en el hecho de que "la mujer envía un 10% menos que los hombres y la proporción de inmigrantes es prácticamente 50 y 50. Se puede decir que las mujeres fueron responsables de cerca de un 45% de las remesas enviadas a América Latina".
El caso de las mujeres dominicanas también es ilustrativo. Según UN-Instraw, el 55,1% de las remesas recibidas por la población de República Dominicana incluida en su "estudio de caso" hecho en 2006, habían sido enviadas por mujeres, y el 44,9 %, por hombres.
"Hay diferencias muy grandes entre las regiones de origen y los destinos en los patrones de envío de remesas. En los estudios que hemos hecho en América Latina (en particular en Guatemala, Colombia y República Dominicana) encontramos que los hombres envían un monto más alto de remesas, pues sus salarios son mayores, pero que las mujeres las envían con mayor frecuencia y por periodos más largos", explica Carmen Moreno.
En el estudio de UN-Instraw en República Dominicana, las mujeres dijeron que enviaban mensualmente entre 25% y 33% de sus ingresos a sus familiares. Sin embargo, aún falta una mayor investigación en esta área, considerando que según cifras del último reporte sobre remesas publicado en 2007 por Diálogo Interamericano, las remesas se han convertido en una fuente crucial de ingresos en países como Guyana, Jamaica y El Salvador, en cuanto a la incidencia que tiene sobre su Producto Interno Bruto.
Pero mientras las cifras siguen subiendo y la importancia de la migración femenina se traduce en números más altos, son las vidas de personas, como Dennia e Isabel, las que cambian. Son sus cuentas propias las que al final importan a la hora de evaluar su migración: "Si uno viene con deseos de superación, vale la pena establecerse en este país. Pero también se pierden muchas cosas, el valor familiar, lo lejos que estás de los parientes. A la distancia, una aprende a valorar las cosas que dejó", reflexiona Dennia.
"Me arrepiento por el tiempo que no he estado con mi hijo. Él lo agradece, me dice que no debo sentirme mal, que la vida tiene su curso y que no tengo que sentirme culpable. Hoy mantenemos una buena comunicación. Pero pienso que muchas veces la relación se basa sólo en hablar por teléfono. Siempre hace falta estar cerca de la gente que uno quiere", concluye Isabel.
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