Panel de discusión: “Mujeres Indígenas-Fuertemente unidas a pesar de los
riesgos”
Extracto de la intervención realizada para las Organizaciones
No-Gubernamentales de la ONU, organizada por el Departamento de Publicacion
e Informacion de la ONU, New York.
New York, 5 de Febrero del 2004
Por: Mirian Masaquiza
Soy Mirian Masaquiza, kichwa Salasaca del Ecuador. Soy ex becaria del
Fundacion Hanns Seidel y del Programa de Becas Indígenas del Alto
Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en el año 2001,
desde ese entonces he venido apoyando en temas de participación
internacional de los Pueblos Indígenas en la Confederación Nacional de
Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras del Ecuador. Ahora, soy parte
del staff de la secretaria del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas
en las Naciones Unidas.
Quisiera comenzar recordándoles que las mujeres indígenas siempre hemos sido
parte de la lucha de nuestros pueblos, ya sea a nivel local, foros
nacionales o internacionales. En efecto, existe una herencia de
extraordinarias mujeres, quienes vinieron a la ONU en los primeros años del
Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas realizado en 1982 en Ginebra,
Suiza, entre ellas: Rigoberta Menchú, Tonya Frichner, Ingrid Washinawatok,
Nina Pacari Vega y muchas más. Todas ellas eran jóvenes dinámicas que
llevaban las aspiraciones de sus pueblos en busca de apoyo internacional y
solidaridad. Las mujeres indígenas estuvieron en la Cumbre Mundial sobre
Medio Ambiente y Desarrollo en 1992, en la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos en Viena en 1993, estuvieron en la Cumbre Mundial de la Mujer en
Beijing, en la Cumbre Mundial en contra del Racismo y Discriminación en el
2001 y así en otras cumbres y conferencias internacionales. Ahora en el Foro
Permanente para las Cuestiones Indígenas, las mujeres participaron en un
número considerable y con esa representación a través del Cónclave de las
Mujeres Indígenas liderado por Stela Tamang, una indígena de Nepal, lograron
que su propuesta de dedicar el 2004 como tema especial para el Foro
Permanente sean las “Mujeres Indígenas”.
Otra importante mención, es que uno de los artículos del Proyecto de
Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas adoptado por el Grupo
de Trabajo de la Comisión de Derechos Humanos reconoce la igualdad de los
sexos.
Aún a pesar de estos reconocimientos que las mujeres han logrado, ellas
sufren múltiples formas de discriminación, por ser mujeres y por ser
indígenas. Ellas viven en condiciones de extrema pobreza, tráfico,
analfabetismo, sin acceso a las tierras y territorios ancestrales, no
existencia o precarias condiciones de atención médica, violentada en privado
o en la esfera pública. Esta violencia va empeorando cuando los pueblos
indígenas se encuentran ellos mismos en situaciones de conflicto y la mujer
se convierte en el blanco de esa violencia.
Estas historias ocurren en diferentes partes de América y el Caribe, en
donde habitan pueblos indígenas que aproximadamente viven entre 45 a 50
millones, el 10% de la población total de la región. Las mujeres indígenas
tienen más dificultades que los hombres para escapar de las condiciones de
pobreza y múltiples formas de exclusión y racismo institucionalizado. Por lo
que es esencial, comprender como las mujeres indígenas han asumido una
postura de unidad y fortaleza a pesar de estas limitaciones y violencia
contra sus derechos.
Las mujeres indígenas son conscientes que su opresión comienza desde muy
temprana edad. En la cultura indígena, son educadas para servir en la casa y
en la comunidad. Las familias dan preferencia a los niños mientras que las
niñas muchas veces dejan la escuela y deben trabajar en los quehaceres de la
casa. El gobierno no da crédito o tierras a las mujeres. No trabajan por un
salario y nunca son remuneradas cuando cultivan la tierra. Las mujeres no
son entes oficiales en la comunidad. Pero, ellas buscan una relación
democrática y armoniosa con igualdad sin discriminación y compartiendo las
responsabilidades de la familia.
La identidad de género es universal o inmutable, pero existen cambios
dependiendo de las culturas y los momentos históricos, los cuales permiten
que las mujeres indígenas se repregunten cual ha sido su rol, el mismo que
consideraron natural hasta ese momento e imaginan una identidad femenina
alternativa. Este es mi caso, algunas mujeres de esta generación, nos
asignamos nuevos y positivos valores para tratar de vivir diferentes
realidades. Entonces, rompemos con la experiencia en la que vivieron
nuestras madres, experiencias de subordinación, falta de autoestima y
confianza, sin autonomía.
Autonomía para las mujeres significa el derecho a identificarse como tal, al
derecho a prepararse, buscar espacio y mecanismos con el fin de ser
escuchada en las asambleas comunales y a ocupar puestos en las estructuras
de gobierno. También implica enfrentar el miedo a participar, a una
independencia económica, a una independencia familiar, a continuar su
preparación porque el conocimiento da autonomía. De igual forma, el
participar en distintas reuniones (comunal, regional o nacional) ayuda a la
mujer a intercambiar y compartir sus experiencias y lo más importante a
inspirar a las demás.
Nosotras, las mujeres indígenas provistas de mejores recursos podemos ser
más fuertes para enfrentar nuestro entorno y tomar la iniciativa de romper
con nuestro mundo. Algunas de nosotras entramos en un intercambio
intercultural a nivel nacional e internacional, mientras otras llevan su
conocimiento cultural. Sin embargo, lo que todas compartimos es el sentido
de auto identificación en relación con nuestros lugares de origen.
Cada una de estas pocas mujeres hemos adoptado los modelos progresivos y
quienes han dejado su entorno somos vistas de distinta manera por la
comunidad, por las experiencias que hemos adquirido saliendo a distintas
partes del mundo. Nosotras, las mujeres estudiantes, profesionales,
migrantes, activistas, no cuestionamos los roles tradicionales femeninos de
nuestros pueblos, sino que valoramos esos roles culturales que
posteriormente transmitiremos cuando seamos madres.
Cuando asumimos una posición consciente de nosotras mismas, debemos
encontrar la solución a este dilema: el de reafirmar nuestra cultura
tradicional e identidad étnica y al mismo tiempo el de mantener una crítica
a las inequidades de género dentro y fuera del entorno cultural. Por
ejemplo: el modelo de comportamiento de las mujeres indígenas incluye muchas
más cualidades que la sociedad occidental atribuye como roles tradicionales
de la mujer. Esas cualidades están relacionadas con las actividades
domésticas del campo como la crianza de animales, agricultura de
autoconsumo, elaboración de artesanías. Y la sociedad occidental atribuye
esas cualidades a la identidad masculina pero se contrapone a su modelo
porque desempeñarse en dichas actividades significa tener capacidad de
organización, experiencia, conocimiento, dedicación, energía física,
solidaridad, compañerismo y habilidades especiales.
Nosotras, somos mujeres que hemos venido ocultándonos en la historia de la
modernidad, pero es nuestra obligación el ir conquistando, con precaución a
pesar de las dificultades, los muchos desafíos que tenemos que enfrentar
para que las identidades positivas y femeninas sean valoradas y aceptadas
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